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20/6/15

Foro "Equipos de Salud"

Foro "Equipos de Salud" Camino a una salud comunitaria

Algunos temas:

"Aspectos generales del trabajo en el sistema sanitario Argentino y Mendocino"
"Desafíos para un abordaje interdisciplinario"
"Herramientas de inclusión y estrategias de abordaje territorial"
"Hacia una salud comunitaria"
3 de julio 8 a 18hs Teatro Selectro
Inscripción: foroporunasaludinclusiva@gmail.com
por mensaje al 2613016647
Facebook.com/pages/Foro-Equipos-de-Salud/




24/4/14

Banco de pacientes de Odontología

Hace ya un año que venimos viendo una de las grandes necesidades de nuestros compañeros de Odontología en la falta de paciente para sus prácticas obligatorias que deben tener anualmente.

Esta medida se veía frustrada por diversas complicaciones dentro de un marco de presupuesto y legalidad, pero hoy y después de mucha gestión logramos concretar este sueño.

Esto va a permitir que muchos alumnos de nuestra facultad puedan contar hoy con una herramienta que les brinda el centro de estudiantes para simplificar las tareas de búsqueda de pacientes, dándoles la posibilidad de más cantidad de horas de estudio.

Al proyecto se sumaron diferentes organizaciones barriales a las que acudiremos periódicamente en sus zonas para evaluar a todas las personas que lo demanden y llenando así la base de datos para que los alumnos puedan tener acceso.

Desde ya el centro de estudiantes abre las puertas para todos los que quieran trabajar en esta área, y cualquiera de todos los proyectos que venimos haciendo, para fortalecer una herramienta que viene desde los mismos compañeros para satisfacer sus necesidades.

3/12/13

La ecocardiografía revela los efectos de la cocaína sobre el corazón

La ecografía miocárdica de contraste aporta nueva información acerca de los efectos de la cocaína sobre el corazón humano y el papel de la droga en el síndrome coronario agudo.

Dres. Gurudevan SV, Nelson MD, Victor RG y colaboradores
SIIC
Circulation 128(6):598-604, Ago 2013

Introducción

La cocaína es la droga ilegal más consumida en el mundo después de la marihuana y constituye una causa importante de enfermedad cardiovascular, especialmente de episodios de síndromes coronarios agudos (SCA). La incidencia de SCA asociado con el uso de cocaína ha aumentado de manera constante en los últimos 20 años, en forma paralela al consumo. Los mecanismos a través de los cuales la droga produce un SCA continúan en el terreno de las hipótesis. Los estudios previos han sugerido que la cocaína genera vasoconstricción de la microvasculatura coronaria, aunque no ha habido evidencia directa de ello. El tratamiento del SCA causado por la cocaína es, consecuentemente y en gran medida, empírico.

También, la cocaína es un potente simpaticomimético que estimula los receptores adrenérgicos, produce incremento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, juntamente con aumento de la demanda de oxígeno miocárdico y de la resistencia vascular coronaria, lo que puede limitar el suministro de oxígeno al corazón. Se ha demostrado que una dosis baja, atóxica, de cocaína por vía intranasal en adultos produce cambios en el flujo del seno coronario (una medida indirecta del flujo arterial coronario), pero no se ha comprobado directamente el efecto en los vasos coronarios.

Para probar la hipótesis de la vasoconstricción coronaria, en este estudio se utilizaron microesferas ecogénicas llenas de gas (ecografía miocárdica de contraste [EMC]) en un grupo de voluntarios adultos sanos en los que se administró una dosis atóxica de cocaína por vía intranasal.

Pacientes y métodos

Un grupo de voluntarios adultos sanos, de entre 18 y 55 años, fue incorporado al estudio. Se consideró como criterio de exclusión la evidencia de enfermedad previa (cardiovascular u otras), así como el antecedente de consumo de drogas. Mediante una ecografía transtorácica bidimensional con la utilización de microburbujas de contraste se determinaron múltiples parámetros cardiovasculares, antes y después de la administración de una dosis de cocaína de 2 mg/kg por vía intranasal, dosis por debajo del nivel considerado tóxico.

Entre los parámetros cardiovasculares, se registraron la frecuencia cardíaca, la presión arterial, el volumen sistólico, el gasto cardíaco, la fracción de eyección ventricular, el trabajo ventricular total y por latido, la tensión parietal al final de la diástole del ventrículo izquierdo y la demanda miocárdica de oxígeno. Durante el estudio también se midieron los metabolitos de la cocaína. El protocolo experimental constó de dos partes: en una primera etapa se realizaron estudios de validación interna, seguidos por la administración de la cocaína a los voluntarios, luego de medir sus parámetros basales.

Se utilizaron pruebas estadísticas apropiadas para cada una de las etapas, que incluyeron regresión lineal simple, cálculo del coeficiente de variación, prueba de Bland Altman y prueba de la t para muestras pareadas. Se consideró significativo un valor de p < 0.05.

Resultados

Veinticuatro voluntarios sanos, sin adicción previa a drogas, respondieron a la convocatoria y fueron evaluados. Trece fueron excluidos por varios motivos: mala calidad de la imagen ecocardiográfica (n = 9), hipertensión arterial (n = 2), hiperlipidemia (n = 1) y enfermedad sistémica crónica (n = 1). El grupo de estudio estuvo conformado por 11 individuos, con una edad de 33 ± 3 años (media ± desviación estándar; rango: 22 a 45 años). Los estudios de validación mostraron ser altamente reproducibles y no se detectaron sesgos sistemáticos.

Luego de la administración de cocaína por vía intranasal, ninguno de los sujetos presentó dolor precordial, evidencias electrocardiográficas de isquemia, arritmias u otras complicaciones. Se observaron incrementos significativos de la frecuencia cardíaca, la presión arterial sistólica, diastólica y media y de múltiples índices representativos del trabajo ventricular izquierdo. Un hallazgo de especial importancia fue la disminución en un 16% del volumen circulatorio de los capilares miocárdicos luego de la administración de la cocaína por vía intranasal, en ausencia de cambios en la velocidad del flujo, lo que se interpretó como un indicador de disminución de la perfusión miocárdica. De hecho, la perfusión miocárdica disminuyó un 23% (de 104 ± 10 a 76 ± 11 UA • seg-1; p < 0.01). Otros hallazgos al respecto fueron la disminución en un 35% del cociente entre la perfusión miocárdica y el consumo miocárdico de oxígeno (de 16 ± 2 a 10 ± 1; p < 0.01) y la disminución en un 44% del cociente entre la conductancia miocárdica y el consumo miocárdico de oxígeno (de 0.2 ± 0.03 a 0.1 ± 0.02; p < 0.01), lo que indicó un desequilibrio entre la demanda y el suministro de oxígeno al miocardio.

Discusión y conclusiones

Tanto los mecanismos subyacentes a la vasoconstricción coronaria producida por la cocaína y la base de evidencia para el tratamiento del SCA inducido por esta droga permanecen en gran parte en el terreno del empirismo. Este estudio mostró que la administración de una dosis baja de cocaína por vía intranasal en un grupo de adultos jóvenes sanos provocó una disminución significativa de la perfusión miocárdica, lo que sugirió que el efecto estuvo mediado por la constricción de las arteriolas terminales. La EMC brinda un método no invasivo para estudiar los efectos de la cocaína sobre la microcirculación coronaria.

El estudio tuvo varias limitaciones: más de la mitad de los voluntarios fue excluida, la mayoría por mala calidad de la imagen ecográfica, lo que creó una duda sobre la aplicabilidad del método. Al ser un estudio preliminar, no hubo un grupo control de referencia. El método de la EMC no permite valorar los efectos sobre otros territorios cardíacos, como la microvasculatura epicárdica. Finalmente, por reparos éticos, se utilizó una dosis de cocaína sin efectos tóxicos, por lo cual no se pudo comprobar la aparición de dolor torácico ni SCA durante el estudio.
No obstante las limitaciones mencionadas, el estudio proveyó información de la vasoconstricción inducida por la cocaína en la microvasculatura coronaria, que sentó las bases para estudios ulteriores sobre los mecanismos involucrados en el SCA y las posibles medidas para su prevención y tratamiento.

SIIC - Sociedad Iberoamericana de Información Científica
Fuente: Intramed

27/11/13

Corticoides y cicatrización de las heridas

Efectos de los corticoides sobre la cicatrización de las heridas de acuerdo al tipo, dosis, cronicidad y momento de la administración en relación con la cirugía.

Dres. Wang AS, Armstrong EJ, Armstrong AW
Am J Surg 2013; 206(3): 410-417

Introducción
Los efectos de los corticoides sobre la cicatrización de las heridas ha sido un tema de gran interés entre los cirujanos, internistas y dermatólogos. En el siglo pasado, descubrimientos fundamentales en los mecanismos de cicatrización de las heridas, han aumentado el conocimiento de las interacciones moleculares entre los corticoides y las heridas cutáneas [1-11].

Esos descubrimientos científicos básicos, junto con los hallazgos de los estudios clínicos, han resaltado varias consideraciones importantes en relación con la administración perioperatoria de corticoides, en particular, dosificación, cronicidad y momento relativo a la cirugía.

En 1949, Hench y col. [12] revolucionaron el tratamiento de los pacientes reumatológicos, cuando reportaron el dramático mejoramiento de los síntomas de la artritis reumatoide, en los pacientes tratados con 50 a 100 mg diarios de 17-hidroxi-11-dehidrocorticosterona. Al año siguiente, fueron galardonados con el Premio Nobel en Medicina por ese “milagro médico”. Desde entonces, los corticoides sistémicos han sido usados para tratar varias condiciones inflamatorias, incluyendo artritis reumatoide, arteritis temporal, gota y enfermedad inflamatoria intestinal, que pueden requerir manejo quirúrgico.

De manera importante, el reporte inicial de Hench y col. [12], no describió problemas de cicatrización de las heridas, pero los reportes clínicos subsiguientes, señalaron los efectos potencialmente adversos de los corticoides sobre la cicatrización de las heridas [13].

Estudios posteriores, en modelos con animales, también mostraron deterioro en la cicatrización de las heridas inducido por corticoides en altas dosis [14-27]. Por lo tanto, cuando los pacientes con corticoides sistémicos requieren procedimientos quirúrgicos, pueden originarse preocupaciones relacionadas con complicaciones postoperatorias de la herida.

Este artículo revisa los tres aspectos de los efectos de los corticoides sobre la cicatrización de las heridas.

Primero, el mecanismo de cicatrización normal de la herida será resumido, seguido por una vista general de las interacciones moleculares entre los corticoides y los procesos de curación de la herida, en el contexto de una herida cutánea.

Segundo, se presentarán datos sobre los efectos de los corticoides sobre la cicatrización de la herida, en modelos con animales y humanos.

Finalmente, se discutirá la dosificación, cronicidad y momento de la administración de los corticoides en relación con la cirugía.

Estructura y función de los corticoides

Los corticoides son moléculas lipofílicas derivadas de la hormona endógena cortisol que se difunden en las células, luego se unen y activan a los receptores de corticoides (RC). Los RC activados se dimerizan y difunden dentro del núcleo, en donde pueden conducir o inhibir la transcripción genética, uniéndose a elementos de respuesta glucocorticoide presentes en las regiones promotoras de genes objetivo. Las alteraciones estructurales de la columna vertebral del cortisol resultan en corticoides con distribución en los tejidos, tasa de metabolismo hepático y afinidad por el RC, variables.

Mecanismos moleculares de los corticoides y sus efectos sobre la cicatrización de la herida
Los corticoides han demostrado que afectan todas las etapas mayores del proceso de cicatrización de la herida [29,30], que ha sido algo arbitrariamente dividido en 3 fases: inflamatoria, proliferativa y de remodelación. En realidad, esas 3 fases se superponen significativamente y las cascadas de señalización iniciadas en la fase 1, influencian el crecimiento celular y la diferenciación en las fases posteriores [31].

Fase inflamatoria
Inmediatamente después de la herida, las plaquetas y la cascada de la coagulación inician la hemostasia primaria y secundaria. Durante la hemostasia primaria, las plaquetas liberan numerosas citocinas, incluyendo el factor de crecimiento transformante beta (FCT-β), que dispara la subsiguiente producción de factores adicionales de crecimiento, tales como el factor básico de crecimiento de fibroblastos 2, de las células cercanas.

El andamiaje de malla de fibrina establecido durante la hemostasia secundaria, actúa como un reservorio para los factores de crecimiento y brinda una matriz para la futura deposición de tejido [32]. Además, los receptores unidos a la membrana celular, como la molécula de adhesión intercelular 1 (MAIC-1), facilitan el reclutamiento de células inflamatorias [33].

A los pocos minutos de la lesión, arriban los neutrófilos [34]. Luego, en el curso de 2 ó 3 días, los macrófagos se vuelven predominantes [9]. El tratamiento con el corticoide dexametasona disminuye la expresión de citocinas (incluyendo el FCT-β1), las plaquetas derivadas del factor de crecimiento, el factor de necrosis tumoral y la interleucina-α1 en el tejido y, por lo tanto, puede disminuir la quimiotaxis y el estímulo mitogénico para otras células inflamatorias [1,8].

La dexametasona también regula negativamente la expresión celular endotelial de la MAIC-1 en cultivos y en anastomosis colónicas en proceso de cicatrización, resultando en una adhesión atenuada de granulocitos y migración [4,11]. Concordante con ese hallazgo, los corticoides en altas dosis reducen la extensión de la infiltración de macrófagos en la herida.

Fase proliferativa
Las plaquetas y los macrófagos de la fase inflamatoria establecen el factor de crecimiento y el ambiente de citocinas que conduce a la angiogénesis, fibroplasia y re-epitelización durante la fase proliferativa [32]. Siguiendo a la construcción del marco de matriz extracelular y nuevos vasos sanguíneos, las células epiteliales de la capa basal migran a través de la lámina basal [35,36].

La re-epitelización, estimulada por el factor de crecimiento de queratinocito (FCQ) [37], depende también de la plasmina y de las metaloproteinasas de la matriz, para digerir el borde libre del coágulo de fibrina [38]. Los corticoides reducen los niveles de FCT-β y la expresión celular mesenquimática del FCQ, lo que atenúa la proliferación de fibroblastos [5] y altera la re-epitelización de la herida [2].

Fase de remodelación
Durante la remodelación, la herida es sometida a contracción y altera su patrón de expresión del colágeno. Los miofibroblastos facilitan la contracción de la herida mediante la estimulación del FCT-β [39,40]. La remodelación del colágeno requiere la digestión del colágeno y un cambio del colágeno de tipo III en la herida, a colágeno de tipo I [3,10].

Los estudios en animales sugieren que los corticoides dificultan el recambio del colágeno [3,10], rompen las interacciones de la articulación dermo-epidérmica [7] y disminuyen la resistencia a la tensión de las heridas cutáneas, mediante la reducción de la acumulación de colágeno [6,41].

Notablemente, los mecanismos descritos ocurren en el escenario de la cicatrización de una herida aguda, pero los corticoides tienen efectos sistémicos y posiblemente también indirectos, los que son menos entendidos. Adentrarse en esos procesos podría prometer nuevas terapéuticas, incluyendo esteroides que retengan las propiedades antiinflamatorias pero tengan efectos adversos mínimos sobre la cicatrización de las heridas.

Efectos clínicos de los corticoides sobre la cicatrización de la herida
En el mismo año en que Hench y col. [12], describieron su “milagro médico”, Ragan y col. [13], documentaron cicatrización alterada de heridas en 3 de 8 pacientes con artritis reumatoide tratados con 25 U/día de la hormona adrenocorticotrofina (equivalente a aproximadamente 75 mg/día de prednisona).

Específicamente, esos pacientes desarrollaron una falta de cicatrización en el sitio de una biopsia, una falta de cicatrización en el sitio de una episiotomía y una úlcera de decúbito y falta de cicatrización en los sitios de drenaje de abscesos. En 2 de esos pacientes, las heridas granularon rápidamente dentro de los 4 días de suspender el tratamiento con la hormona adrenocorticotrofina. Esos hallazgos llevaron a estudios subsiguientes para evaluar mejor los efectos de los corticoides sobre la cicatrización de las heridas.

Efecto de la dosis de corticoide sobre la cicatrización de la herida
Varios estudios en animales han cuantificado los efectos de las dosis altas de corticoides sobre la resistencia a la tracción de la herida y las presiones de rotura anastomótica [14-27]. Comparar esos estudios en animales como un grupo, es un desafío, debido a las diferencias en la metodología, controles internos y mediciones de la resistencia a la tensión.

Globalmente, esos estudios convergen sobre una reducción de aproximadamente el 30% en la resistencia a la tensión en la herida, con dosis de cortisona de 15 a 40 mg/kg/día, equivalentes a aproximadamente 200 a 560 mg/día de prednisona, en una persona de 70 kg de peso; pero esos resultados no pueden ser generalizados a otras especies. Por ejemplo, la cortisona disminuye dramáticamente la resistencia a la tensión en ratas, pero no tiene efecto, a dosis equivalentes, en los cobayos [42]. De hecho, los estudios en humanos deben proporcionar – en última instancia – la evidencia para la toma de decisión clínica.

Los pacientes con síndrome de Cushing están crónicamente expuestos a un exceso de adrenocorticoides y brindan el correlato humano más cercano a esos estudios en animales. Comparados con la población humana sana, 5 pacientes con síndrome de Cushing demostraron una reducción del 40% de la resistencia a la tensión en heridas cutáneas [43,44].

Notablemente, la resistencia a la tensión en 1 paciente mejoró después de la resección adrenal. Esos hallazgos sugieren que el exceso de corticoides puede afectar adversamente la cicatrización de heridas en los humanos; no obstante, esos pacientes están crónicamente expuestos a altas dosis de cortisol, mientras que en la práctica clínica, las dosis son usualmente más pequeñas y pueden suministrarse sobre bases agudas o crónicas.

Adicionalmente, aunque las series retrospectivas de casos describieron tasas aumentadas de complicaciones, en pacientes con síndrome de Cushing, el riesgo absoluto parece ser pequeño, aún en procedimientos abiertos que requieren grandes incisiones [45]. Asimismo, la disrupción o dehiscencia de la herida, debe ser considerada – más que la resistencia a la tensión – como una medición de resultados más relevante clínicamente.

Efecto de la cronicidad de la administración de corticoides sobre la cicatrización de la herida
Dado que la duración de la exposición sistémica a los corticoides puede afectar la cicatrización de la herida, los efectos de la administración aguda y crónica, para distintas indicaciones, son comparados a continuación.

Administración aguda
La respuesta inflamatoria que ocurre poco después de un infarto de miocardio (IM) es análoga a la creación de una herida aguda, que cura en el curso de días a semanas; por lo tanto, la limitación de la extensión de la inflamación post-infarto, puede mejorar los resultados subsiguientes.

Los estudios iniciales realizados en las décadas de 1960 y 1970 brindaron resultados conflictivos. Algunos estudios sugirieron una reducción de tanto como el 50% con cortisona en altas dosis [46-48], mientras que otros sugirieron una ausencia de beneficio sobre la mortalidad o un incremento en la extensión del IM y un riesgo más alto de aneurisma ventricular [9,49-51].

En todos esos estudios, en los que el tratamiento se inició entre las 6 y las 72 hs después del comienzo de los síntomas, se requirió una dosis grande de prednisona (>100 mg/día), por al menos 10 días, para un efecto terapéutico o tóxico.

En el año 2003, un meta-análisis de corticoides en altas dosis al momento del IM, sugirió una leve disminución en la mortalidad, asociada con los corticoides en alta dosis, pero el resultado fue estadísticamente no significativo, cuando se consideraron sólo los ensayos controlados y randomizados [52].

Más recientemente, una revisión Cochrane de 54 estudios randomizados, concluyó que los corticoides profilácticos en pacientes adultos con cirugía cardíaca, no brindan beneficio en relación con la mortalidad [53]. Importantemente, los autores señalaron un aumento no significativo en la infección postoperatoria o alteración de la cicatrización de la herida.

Asimismo, los pacientes con sospecha de arteritis temporal pueden recibir corticoides (usualmente 40 a 60 mg/día de prednisona) brevemente, antes de ser sometidos a una biopsia de la arteria temporal.

En una serie grande de casos de pacientes con sospecha de arteritis temporal, 237 individuos fueron sometidos a 250 biopsias de la arteria temporal [54]. Se les suministró corticoides a 178 (75%) de esos pacientes preoperatoriamente, con una duración preoperatoria media de 7,3 ± 2,0 días. No hubo complicaciones relacionadas con la biopsia [54].

Más recientemente, Younge y col. [55], revisaron los registros de 1.113 pacientes sometidos a biopsia de la arteria temporal, por sospecha de arteritis temporal. El 20% de esos pacientes estaba bajo terapia corticoidea al momento del procedimiento, pero ninguno experimentó complicaciones serias [55].

Otras series de casos en la literatura no han reportado tasa de complicaciones, si las hubo, de la biopsia de la arteria temporal y su relación con la administración preoperatoria de corticoides.

Hasta la fecha, sólo 1 ensayo randomizado, doble ciego, controlado con placebo, ha investigado los efectos de la administración aguda preoperatoria de corticoides sobre la cicatrización de la herida cutánea [56]. En ese estudio sobre 24 pacientes, una dosis única de 30 mg/kg de metilprednisolona o de placebo fue administrada intravenosamente, 90 minutos antes de una resección colónica.

Entre los 12 pacientes del grupo con tratamiento, sólo 1 desarrolló dehiscencia de la herida, mientras que lo hicieron 2 del grupo con placebo. No ocurrieron infecciones de la herida en el grupo con tratamiento, pero 1 infección en el grupo con placebo requirió debridamiento quirúrgico.

Para la evaluación directa del tejido, se creó una pequeña herida subcutánea en el miembro superior de cada paciente. Se evaluaron los niveles de prolina en el colágeno y la cantidad de acumulación de colágeno dentro de las heridas, durante 10 días posoperatorios.

Los autores no encontraron diferencia entre los grupos con tratamiento y control [56]. Ese estudio sugiere que la administración aguda de corticoides en dosis alta, no afecta significativamente la cicatrización de la herida, medida con parámetros tanto clínicos como bioquímicos.

La “dosis de estrés” perioperatoria con niveles fisiológicos o supra-fisiológicos de corticoides, en pacientes bajo tratamiento crónico con corticoides, está más allá del alcance del presente artículo y ha sido revisada recientemente por otros autores [57,58]. Vale la pena señalar, no obstante, que esas revisiones no reportaron un riesgo aumentado de dehiscencia de la herida o infección.

Tomados en conjunto, estos datos, aunque limitados, sugieren que la administración aguda de corticoides en alta dosis, por menos de 10 días, no tiene efectos clínicamente importantes sobre la cicatrización de la herida.
Administración crónica

Sólo unos pocos estudios en seres humanos han cuantificado el riesgo de complicaciones de la herida inducidas por corticoides en la práctica quirúrgica [59-62]. Esos estudios encontraron que las tasas de complicaciones de la herida podían estar aumentadas 2 a 5 veces en pacientes que tomaban corticoides, en comparación con aquellos que no lo hacían; sin embargo, dado que la mayoría de los estudios eran no controlados y retrospectivos, es difícil determinar si las complicaciones fueron afectadas por otros factores de confusión.

De forma semejante, un reciente estudio retrospectivo revisó los registros de uso público del National Surgical Quality Improvement Program, desde 2005 hasta 2007, para evaluar los efectos adversos del uso preoperatorio de corticoides [63].

Los autores hallaron que de los 635.265 pacientes identificados en la base de datos, los 20.434 (3,2%) que estaban tratados crónicamente con corticoides parenterales u orales, por al menos 30 días previos a la cirugía, tuvieron un aumento significativo en las tasas de infección superficial y profunda del sitio quirúrgico (del 2,9% al 5% y del 0,8% al 1,8%, respectivamente), con el uso de corticoides.

También reportaron un aumento de dos a tres veces en la dehiscencia de la herida y un aumento de 4 veces en la mortalidad, asociados con el uso preoperatorio de corticoides [63]; no obstante, no pudieron especificar la dosis o duración del uso de corticoides y la condición subyacente que requería la corticoterapia, lo que pudo haber contribuido a las tasas aumentadas de complicación. Además, no identificaron los tipos de cirugía realizadas ni investigaron si los corticoides fueron continuados postoperatoriamente.

La literatura ortopédica también ha brindado pocos estudios relacionados con la cicatrización de la herida en pacientes con artritis reumatoide (AR). Poss y col. [64], encontraron retrospectivamente que los pacientes con AR tienen un riesgo 2 a 3 veces mayor de infección y de complicaciones de la herida, después de un reemplazo articular, en comparación con pacientes con osteoartritis sometidos a procedimientos similares.

Un estudio más grande, de 100 pacientes con AR, sugirió que los pacientes que tomaban corticoides por más de 3 años, tenían una cicatrización retardada de la herida, con significación estadística, después de la cirugía, comparado con aquellos que tomaron corticoides por menos de 3 años [65].

Adicionalmente, en un estudio retrospectivo de 204 pacientes con AR sometidos a cirugía articular, los autores notaron una tendencia dosis-dependiente hacia tasas aumentadas de complicación, asociadas con la administración de corticoides, pero las diferencias no fueron estadísticamente significativas [66].

Similarmente, durante 30 procedimientos de mano y muñeca en 18 pacientes, que tomaban un promedio de 8,8 mg/día de prednisona, sólo ocurrió 1 dehiscencia; no hubo otras complicaciones de la herida en el grupo tratado con esteroides [67].

En contraste, otro reporte de 15 pacientes con AR sometidos a cirugía mientras tomaban cortisona (a dosis equivalentes a 12,5 a 20 mg/día de prednisona, por entre 2 semanas y 57 meses), no describió un efecto significativo de los corticoides sobre la cicatrización de la herida, excepto en unos pocos casos asociados con signos abiertos de hipercortisolismo [68].

En conjunto, la administración de corticoides parece aumentar el riesgo de complicaciones en pacientes con AR, pero no todos los datos han sido estadísticamente significativos. Asimismo, dado que esos estudios no fueron randomizados, no queda en claro si el riesgo aumentado está relacionado con la actividad intrínseca de la enfermedad, restricciones en la movilidad postoperatoria, efectos de otras medicaciones usadas en la AR o sólo los efectos de los corticoides.

En pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal, los estudios clínicos retrospectivos también han reportado resultados conflictivos [69-75]. Algunos estudios no mostraron un aumento significtivo en las complicaciones postoperatorias de la herida [70,72,75], mientras que otros reportaron un riesgo más grande de infección de la herida [76], filtración anatomótica [71], abscesos intraabdominales [73] y sepsis [77], asociado con los corticoides preoperatorios.

Por ejemplo, el uso crónico de corticoides fue asociado con una tasa 3 veces mayor de infección, en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal sometidos a resección intestinal, con tasas de infección aún más altas con dosis de prednisona superiores a 40 mg/día [76]. Además, algunos estudios han sugerido que la administración de corticoides en pacientes con abscesos intestinales concomitantes, aumenta mucho el riesgo de morbilidad postoperatoria [73,77].

Aunque los pacientes con enfermedades dermatológicas primarias no malignas no son típicamente sometidos a procedimientos quirúrgicos por las condiciones en su piel, algunos tienen heridas crónicas que presentan desafíos terapéuticos significativos.

El pioderma gangrenoso es una dermatosis neutrofílica infrecuente, caracterizada por úlceras dolorosas, frecuentemente en las extremidades inferiores o en el sitio de un trauma, con bordes azulados indeterminados y eritema circundante. Esas lesiones pueden desarrollarse en asociación con enfermedades sistémicas, tales como la enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad reumatológica o enfermedades malignas hematológicas, pero aproximadamente el 25% al 50% de los casos son idiopáticos [78].

El tratamiento de elección para esa condición son los corticoides sistémicos (0,5 a 2 mg/kg por dosis, generalmente 40 a 60 mg/día) por, al menos, 4 a 6 semanas, requiriendo en ocasiones cursos múltiples a causa de recidivas. Para la enfermedad refractaria, se ha usado metilprednisolona endovenosa en alta dosis (1.000 mg/día) para terapia de pulsos.

Los corticoides tópicos (tales como el propionato de clobetasol de alta potencia al 0,05%) y los corticoides intralesionales, son opciones también consideradas, aunque existe alguna preocupación por la patergia con la última mencionada [79]. En esos casos, la supresión del proceso inflamatorio subyacente con los corticoides, facilita la cicatricación de la úlcera. El tratamiento quirúrgico, tal como un debridamiento, podría exacerbar la condición.

Quizás la evidencia más convincente en relación con los efectos de los corticoides crónicos en dosis alta sobre la cicatrización de la herida, es el ejemplo previamente citado del síndrome de Cushing [43,80]. Esos efectos son similares a los observados por Ragan y col. [13]. Concedido, ambos son ejemplos de dosis alta y exposición crónica, mientras que la cuestión clínica clave es el efecto de los corticoides en dosis baja pero crónica.

En conjunto, los datos clínicos discutidos sugieren que el tratamiento preoperatorio con corticoides por al menos 30 días, particularmente con dosis de prednisona de 40 mg/día o mayores, pueden incrementar la tasa de complicaciones de la herida en 2 a 5 veces, comparado con pacientes sin corticoides.

Algunos pacientes, como aquellos con AR, pueden asimismo ser más susceptibles a las complicaciones de la herida. Sin embargo, los corticoides aún juegan un rol significativo facilitando la cicatrización de la herida en otras condiciones, como el pioderma gangrenoso.

Efecto del momento de la administración del corticoide sobre la cicatrización de la herida
El momento postoperatorio de la administración puede ser crítico, como en el caso de un paciente que desarrolla una llamarada aguda de gota postoperatoriamente y que requiere conrticoides para alivio del dolor.

Los estudios en animales han sugerido que los corticoides no tienen un efecto sobre la resistencia a la tensión de la herida si se administran 3 o más días después de la confección de la misma [27]. No obstante, si son administrados en dosis alta, los corticoides postoperatorios podrían causar inmunosupresión y predisponer a la infección, que – a su vez – contribuye a las complicaciones mecánicas de la cicatrización de la herida.

Hasta donde llega el conocimiento de los autores del presente trabajo, no hay estudios clínicos que hayan comparado los efectos diferenciales de los corticoides sobre la cicatrización de la herida, administrados antes versus después de la cirugíal

Resumen

Para un mejor manejo de los pacientes bajo tratamiento con corticoides, la dosis óptima y la duración que minimizarán los efectos adversos sobre la cicatrización de la herida, pero aun tratando adecuadamente la condición subyacente, necesitan ser determinadas. Si la dosis y la cronicidad son definidas en relación con la supresión del eje hipotalámico-pituitario-adrenal, entonces la administración por menos de 5 días podría ser considerada como “aguda” y las dosis mayores a 10 mg/día por más de 1 semana podrían ser consideradas “crónicas” [81].

Aunque no está claro si la supresión del eje hipotalámico-pituitario-adrenal está relacionada de alguna manera con la cicatrización alterada de la herida, esos números estiman los niveles endógenos de corticoides producidos bajo condiciones fisiológicas. Cualquier dosis por debajo de esos valores es improbable que tenga efectos farmacológicos.

En relación con el momento de la administración, los estudios en animales han mostrado que los corticoides suministrados al menos 3 días después de realizada la herida, no tienen efecto sobre la cicatrización de la misma [27].

En conjunto, esos hallazgos sugieren que no hay contraindicaciones para prescribir un curso corto de corticoides (5 mg/día de prednisona por 5 a 10 días), por ejemplo, a un paciente en postoperatorio que sufre por un ataque agudo de gota, si se inicia al menos 3 días después de la cirugía. Ciertamente, se necesitan grandes ensayos prospectivos, randomizados y controlados para evaluar completamente esta cuestión.

Establecer una dosis y duración óptima para los corticoides es desafiante por varias razones. Primero, los mecanismos por los que los corticoides deterioran la cicatrización de la herida están incompletamente entendidos. En particular, la alteración de la cicatrización de la herida asociada con el uso crónico de corticoides y en pacientes con síndrome de Cushing, subrayan la necesidad de un mejor entendimiento de los efectos sistémicos e indirectos de los corticoides.

Adicionalmente, diferentes corticoides pueden tener concentraciones tisulares variables o afinidad por los objetivos moleculares, que influencien la cicatrización de la herida. Además, la dosis y la duración deberían también hacerse a la medida del paciente individual, con atención a la condición subyacente que requiere corticoides y cualquier comorbilidad.

Es esperable que procedimientos pequeños, tales como biopsias de la arteria temporal, tengan una tasa baja de complicación de la herida, en comparación con los procedimientos más grandes, tales como una resección intestinal con reconstrucción anastomótica. Por lo tanto, el tipo de cirugía y el estado clínico del paciente, podrían probablemente influir ulteriormente en las consideraciones sobre los corticoides perioperatorios y alterar el riesgo global de complicaciones de la herida quirúrgica.

Conclusiones

Más de 50 años después de su milagrosa introducción en la medicina clínica, los corticoides son aún usados comúnmente como terapias efectivas para numerosos desórdenes inflamatorios. Aunque las disrupciones de las heridas han ocurrido en pacientes tomando corticoides, en la práctica clínica, las dosis terapéuticas generalmente están por debajo del nivel requerido para la dramática inhibición de la cicatrización de la herida. En ausencia de grandes ensayos prospectivos, randomizados y controlados, esa cuestión permanece incompletamente contestada.

En la actualidad, la investigación de los corticoides se está moviendo hacia la disociación de los efectos antiinflamatorios de los numerosos efectos colaterales, con el desarrollo de los así llamados moduladores selectivos del receptor de corticoides [28,82]. Algunos reportes han sugerido que la metilprednisolona puede tener un menor efecto sobre la cicatrización de la herida que otros corticoides [16], pero esos resultados requieren confirmación.

También han emergido varias terapéuticas para mitigar los efectos de los corticoides sobre la cicatrización de las heridas quirúrgicas. Esos abordajes incluyen la administración local de vitamina A y la modulación con citosina [82]. Por décadas, se ha sabido que la vitamina A revierte los efectos de los corticoides sobre la cicatrización de las heridas en los animales; ese abordaje es usado a veces en humanos, pero nunca ha sido validado en un estudio controlado de tasa de complicación de la herida [17,84-86].

Adicionalmente, la modulación por citosina, tal como con el uso del FCT-β, puede ser un mecanismo de excitación para contrarrestar los efectos de los corticoides sobre la cicatrización de la herida, pero requiere investigación adicional [87,88].

Globalmente, los corticoides han sido y probablemente seguirán siendo componentes esenciales del armamentario farmacológico. En consecuencia, hasta que haya más datos disponibles para guiar la práctica clínica, debería ser prudente la advertencia apropiada al paciente preoperatorio, sobre los potenciales riesgos de alteración de la cicatrización de la herida.

♦ Comentario y resumen objetivo: Dr. Rodolfo D. Altrudi
Fuente: Intramed

18/11/13

¡Ciclo de cine italiano en la Universidad de Mendoza!

Durante cinco miércoles consecutivos, la Universidad de Mendoza junto con el Consulado de Italia y la Sociedad Dante Alighieri realizarán un ciclo de cine italiano.

El ciclo estará dedicado a la reconocida actriz italiana Anna Magnani (1973-2013), quien fuera conocida internacionalmente y considerada una de las actrices más importantes de la historia del cine italiano.

Cada proyección será presentada en español por la Prof. Giuliana Mannarelli (Italia) y transmitida en idioma original, italiano, y subtitulada también en italiano.

El ciclo completo se realizará en el Aula Magna de la Universidad de Mendoza (Paseo Dr. Emilio Descotte 750 - subsuelo entrando por Arístides Villanueva) con entrada libre y gratuita. La primera proyección se realizará el miércoles 20 de noviembre a las 20hs.

Programación:
1) Miércoles 20 de noviembre 20hs.
Roma città aperta
Roberto Rossellini, 1945

2) Miércoles 27 de noviembre 20hs.
L'onorevole Angelina
Luigi Zampa, 1947

3) Miércoles 4 de diciembre 20hs.
Bellissima
Luchino Visconti, 1951

4) Miércoles 11 de diciembre 20hs.
Mamma Roma
Pier Paolo Pasolini, 1962

5) Miércoles 18 de diciembre 20hs.
Viva l'Italia, la nostra storia in musica 1870-1970.
Documental de Giovanna Gagliardo (FIPA d' Oro – Nizza 1995)

Informes:
Comunicación Interna
T. 261 4202017 int. 112
E-mail. comunicacion@um.edu.ar

5/11/13

Trastorno de la personalidad

No se debe usar el concepto de que el trastorno de la personalidad es persistente e inmutable para negar el acceso de los pacientes a intervenciones terapéuticas útiles como el tratamiento psicológico.

Dres. Linda Gask, Mark Evans, David Kessler
BMJ 2013;347:f5276

La mayoría de los profesionales no especializados en psiquiatría tienen en cuenta el diagnóstico de trastorno de la personalidad (TP) pero rara vez lo establecen con confianza. En el pasado, este diagnóstico se aceptaba en forma tácita como una patología por la cual poco se podía hacer, pero actualmente hay cada vez más evidencia de que su tratamiento puede ser eficaz.

Los estudios epidemiológicos muestran que el 4-12% de la población adulta tiene un diagnóstico formal de TP aunque si se toman en cuenta los grados más leves, el porcentaje es mucho mayor. Las personas llevan siempre consigo el sello de TP, lo que puede afectar su atención médica al solicitar atención en los servicios, incluidos los de salud mental.

Los médicos generales también tienen la responsabilidad clínica de sus pacientes con TP, y esto puede ser un reto en el largo plazo.

¿Qué es el trastorno de la personalidad?

La definición exacta del TP está abierta al debate y difiere en los dos sistemas principales de diagnóstico utilizados para las enfermedades mentales, el CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades) y el DSM (Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales).

Las diferencias temperamentales en los niños ya pueden observarse desde una edad muy temprana y probablemente tienen un amplio componente hereditario. El término personalidad se refiere al patrón de pensamientos, sentimientos y comportamientos que hace de cada persona quien realmente es. Esto es flexible y el comportamiento de las personas es diferente según las situaciones sociales en las que se hallan. Las personas con TP parecen tener una anormalidad persistente a todo nivel en las relaciones sociales y el funcionamiento social en general.

Más concretamente, parece haber allí un patrón permanente inflexible en cuanto a la percepción y relación mundo exterior y su pensamiento acerca del mundo exterior y su yo, lo que se desvía notablemente de las expectativas culturales y se halla en una amplia gama de contextos sociales y personales. Las personas con TP tienen un rango más limitado de emociones, actitudes y comportamientos con los cuales afrontar las tensiones de la vida cotidiana.

El TP se considera diferente de las enfermedades mentales debido a que persiste durante toda la vida adulta, mientras que las enfermedades mentales son el resultado de algún tipo de proceso morboso, y tienen un inicio y una evolución en el tiempo.

Un estudio de cohorte comprobó que a los 16 años de seguimiento, las tasas de remisión en pacientes con TP borderline fueron del 78 al 99%, pero esa remisión tardó más tiempo en producirse que en las personas con otros TP y las recurrencias fueron más comunes.

Los datos de 2 ensayos aleatorizados y controlados también mostraron que la mayoría de las personas con TP experimentará un deterioro persistente del funcionamiento social, aun después de un tratamiento especializado efectivo.

¿Por qué es importante el trastorno de la personalidad?

Las personas con TP experimentan distrés, sufrimiento y estigmas considerables. También pueden ocasionar distrés a las personas que los rodean. La investigación epidemiológica ha mostrado que los problemas mentales concomitantes, como la depresión, la ansiedad y el abuso de sustancias, son más comunes en las personas con TP, más difíciles de tratar y con peores resultados.

Una revisión sistemática mostró que en presencia de depresión, el TP es un factor de riesgo importante de cronicidad. Dos revisiones narrativas recientes de trabajos epidemiológicos concluyeron que los TP también se asocian con un uso mayor de los servicios médicos, comportamiento suicida y suicidio, como así con un exceso de enfermedades médicas y mayor mortalidad, especialmente en relación con enfermedades cardiovasculares. Una revisión sistemática halló una asociación con las conductas violentas.

¿Cómo se diagnostica el trastorno de la personalidad?

Los dos sistemas diagnósticos mayores en psiquiatría se basan en puntos de vista diferentes para clasificar a los TP. Cada vez se pone más en duda la clasificación puramente categórica, la cual requiere decidir si una persona cumple con los criterios de trastorno paranoide o, personalidad borderline o antisocial.

Existe una considerable superposición entre las categorías y no se tiene en cuenta la gran variación del deterioro que se observa en la práctica diaria, lo cual refuerza el estigma asociado con el diagnóstico. Se ha debatido acerca de si sería mejor utilizar un enfoque dimensional, usando la calificación de los rasgos de personalidad o aplicando una sola medida de la gravedad del trastorno.

La quinta edición de DSM (DSM-5) publicada recientemente no ha modificado la clasificación previa por categorías, y aunque es una alternativa más compleja, la clasificación que fue rechazada antes de la publicación también ha sido incluida en la última sección.

La 11ª revisión de ICD (ICD-11) está todavía en preparación pero las publicaciones recientes proponen un enfoque dimensional utilizando 5 niveles de gravedad. Una crítica a este enfoque ha sido que se ha perdido el diagnóstico de TP borderline, el cual posee una utilidad clínica considerable.

En cierto sentido, la denominación utilizada para el diagnóstico es poco apropiada porque la categoría para la cual se aplicaba era la ezquizofrenia, lo cual ya no se acepta. Sin embargo, todavía es posible describir el TP borderline usando una combinación de las características. Aun continúan las controversias sobre el diagnóstico de TP en los adolescentes, al menos debido a la actual naturaleza peyorativa del diagnóstico. Se recomienda derivar los casos sospechosos al especialista.

¿Qué se debe saber acerca de las causas del trastorno de la personalidad?

Al igual que los problemas de salud mental, los TP son probablemente el resultado de la interacción de múltiples factores ambientales y genéticos. Existe cada vez más evidencia de que existe un componente genético; hay estudios que indican la herencia de los caracteres de la personalidad y los TP, que van del 30% al 50%.

Una revisión narrativa de estudios epidemiológicos también muestra que las experiencias familiares e infantiles son importantes, incluyendo el haber experimentado abuso (emocional, físico y sexual), abandono y acoso.

¿Cómo se maneja el trastorno de la personalidad y cuál es el tratamiento?

Todavía hay poca evidencia sobre cuál es el tratamiento útil para todo el espectro de TP. Una excepción es el TP borderline, para el cual actualmente existe cada vez más evidencia base, y (en menor grado) el TP antisocial. Actualmente, la guía del National Institute for Health and Care Excellence (NICE) ha publicado recomendaciones para ambas condiciones.

Es inaudito, dicen los autores, que las personas con diagnóstico de TP borderline tiendan a buscar tratamiento mientras que las personas con TP antisocial y otras categorías tiendan a ser reacias a comprometerse con el tratamiento. En vista de la evidencia imperante, los autores tratarán en este artículo el manejo y el tratamiento de estas dos tipos de TP.

¿Cuáles son los principios básicos del manejo de los trastornos de la personalidad?

Cuando se trabaja con personas con cualquier tipo de TP, es importante explorar las opciones terapéuticas en una atmósfera de esperanza y optimismo, construyendo una relación de confianza de una manera abierta, no censuradora.

Los servicios deben ser accesibles, permanentes y seguros, teniendo en cuenta que muchas personas han tenido experiencias previas de trauma y abuso. Se debe trabajar en colaboración, ayudando al desarrollo de la autonomía de las personas y estimulando su participación activa en el tratamiento para buscar la solución de sus problemas.

Manejo del trastorno de la personalidad borderline

Se debe considerar el diagnóstico de TP borderline en una persona que consulta en atención primaria por presentar repetidamente daños autoinfligidos y que muestra conductas de riesgo persistentes o una marcada inestabilidad emocional.

Los médicos de atención primaria deben ayudar a manejar la ansiedad de esos pacientes mejorando su capacidad para reconocer los problemas y afrontarlos. Las técnicas para hacerlo incluyen: analizar cómo el paciente se ha manejado en el pasado, ayudarlo a que pueda identificar los cambios manejables (que son los que les permitirán enfrentar los problemas actuales) y, pactar las visitas de seguimiento futuras.

Cuando el paciente con TP borderline se presenta en crisis en atención primaria, es importante evaluar el nivel de riesgo en ese momento, para él mismo y para los demás. Las personas con este trastorno requieren que los cambios (incluyendo los cambios para modificar y finalizar el tratamiento) se manejen con una atención especial dada la posibilidad de que presenten reacciones emocionales intensas ante cualquier rechazo o abandono percibido.

Para establecer el diagnóstico puede ser útil derivar al paciente al especialista, lo que también se hará cuando esté en crisis y los niveles de distrés y riesgo de daño contra sí mismo o terceros estén aumentando.

Tratamiento especializado

En los últimos 20 años se ha puesto mayor interés en conocer los problemas subyacentes, los síntomas y los estados mentales de las personas con TP borderline, lo que se acompañó del desarrollo de tratamientos específicos.

El tratamiento conductual dialéctico es una versión modificada del tratamiento conductual cognitivo que también utiliza el concepto de la “mentalización” tomado de la filosofía budista. Varios estudios aleatorizados y controlados, principalmente en mujeres que sufren daños contra sí mismas en forma repetida, muestran una reducción de la ira, el daño autoinfligido y los intentos de suicidio.

Las personas con TP borderline tienen menor capacidad que la población general para “mentalizarse”, es decir, para comprender el estado mental propio y ajeno. Ensayos controlados y aleatorizados del tratamiento destinado a mejorar su capacidad para mentalizarse han mostrado una reducción de la conducta suicida y de las internaciones hospitalarias, como así una mejoría de los síntomas asociados.

Otros tratamientos, todos con evidencia de efectividad para reducir los síntomas borderline, son el esquema de terapia dirigida, la terapia transferencial y la terapia analítica cognitiva. Además de mejorar los síntomas principales, el esquema de terapia dirigida mejoró el funcionamiento psicológico y la calidad de vida; la terapia transferencial mejoró el funcionamiento psicosocial y redujo las internaciones y, la terapia analítica cognitiva mejoró el funcionamiento interpersonal y el bienestar general, y condujo a una reducción de la disociación (división de la personalidad).

En este grupo de pacientes, una revisión sistemática de estudios aleatorizados identificó otros dos tratamientos con evidencia de efectividad. El primero, con el que el problema del TP borderline se resolvió, es un tratamiento integrado que combina elementos conductuales cognitivos, entrenamiento de habilidades e intervención en los miembros de la familia. Se pueden reducir los síntomas borderline y mejorar la impulsividad. El segundo es un tratamiento cognitivo basado en normas establecidas que ayudó a reducir el daño autoinfligido en pacientes con TP borderline que presentaban este síntoma.

Manejo efectivo y coordinación de la atención

En general, en la comunidad no se dispone de tratamientos especializados y puede ser difícil hacer que las personas que llevan un etilo de vida caótico e inestable participen de los sistemas de ayuda. Hay evidencia de que cuando el manejo psiquiátrico general bien estructurado se brinda bajo condiciones planificadas puede ser tan efectivo como un tratamiento especializado. En este estudio aleatorizado se trataron casos mediante el manejo psiquiátrico general y sesiones semanales individuales utilizando un abordaje psicodinámico dirigido a las interrelaciones, y se administraron fármacos para el tratamiento de los síntomas.

La clave para la estabilización de los pacientes es una buena coordinación entre los integrantes del equipo de salud mental de la comunidad, algunos de los cuales pueden luego recibir las intervenciones del especialista. En efecto, posiblemente es más importante un manejo continuado, seguro, que estimula la autonomía y es sensible a los cambios que el tipo de terapia aplicado.

El manejo debe ser sistemático, y el terapeuta debe seguir preferentemente las normas establecidas, con objetivos predeterminados y técnicas para ser usadas durante cada sesión o fase del tratamiento. Esto ofrece un modelo claro para el paciente y el terapeuta tratante lo que ayuda al profesional de salud mental a manejar los problemas clínicos comunes, como el daño autoinfligido y el riesgo de suicidio, hablando con el paciente acerca de cualquier estímulo que desencadene los sentimientos inmanejables, dándoles una psicoeducación básica acerca del manejo de los estados de ánimo, alentándolos a resolver el problema y compartir el riesgo y la responsabilidad. Por otra parte, hay que prestar mucha atención a los problemas emergentes en la relación terapéutica.

¿Hay fármacos para el tratamiento de los trastornos de la personalidad?

Existe evidencia clara de la eficacia de ciertos fármacos para los síntomas borderline básicos, como son el sentimiento crónico de desvalorización, los trastornos de la identidad y el abandono. Algunos ensayos aleatorizados han mostrado beneficios con los antipsicóticos de segunda generación, estabilizadores del ánimo y suplementos dietarios con ácidos grasos omega-3, pero mayormente están basados en estudios únicos con muestras de de tamaño pequeño y no son recomendados por la NICE. Los antidepresivos pueden ayudar cundo coexisten depresión o ansiedad.

Manejo del trastorno de la personalidad antisocial

Se puede facilitar el tratamiento de las personas con TP antisocial aplicando un plan de atención claramente descrito debido a que suelen estar involucrados diversos servicios. El plan debe especificar la probabilidad de intervenciones útiles en cada circunstancia y permitir la comunicación efectiva entre los médicos y las organizaciones.

Localmente, se deben establecer criterios acordados para facilitar la transferencia entre los servicios, con objetivos compartidos y una completa evaluación del riesgo. Es recomendable que los servicios establezcan varios puntos de atención del TP antisocial para conformar una red con los usuarios de los servicios. Una vez establecidos, pueden representar un papel importante en el entrenamiento, la provisión de apoyo y la supervisión del equipo tratante como así el desarrollo y el mantenimiento de los estándares.

Aunque puede ser inapropiado o imposible brindar una intervención terapéutica específica para el TP antisocial en atención primaria, los médicos generales deben ofrecer tratamiento a los pacientes con comorbilidades, acordes a la atención habitual. Para ello, deben tener en cuenta que en este grupo el riesgo de una mala adherencia, el error en la toma de los fármacos y la interacción medicamentosa con el alcohol y las drogas ilícitas son mayores. Puede ser de utilidad servir de enlace entre los consultorio o servicios dedicados a la atención de estos pacientes, incluyendo el sistema de justicia criminal y los trabajadores de apoyo al consumo de droga.

En atención primaria del Reino Unido se dispone de esquemas para el manejo de los pacientes con antecedentes de violencia o amenazas a su médico de cabecera o el personal de atención primaria. La evaluación del riesgo en atención primaria debe incluir los antecedentes de violencia, la gravedad, y los factores precipitantes, la presencia de comorbilidades mentales, el alcoholismo y el consumo de drogas ilícitas, el potencial de interacciones medicamentosas, el mal uso de los fármacos prescritos, los estresantes actuales y el relato de los familiares o cuidadores.

Tratamientos especializados

En la actualidad no hay suficiente evidencia sobre la efectividad de las intervenciones psicológicas específicas para el TP antisocial. Sin embargo, la guía de NICE recomienda intervenciones cognitivas y conductuales destinadas a reducir las conductas dañinas y otros comportamientos antisociales.

Se necesita evaluar cuidadosamente el nivel de riesgo y en consecuencia, la duración de los programas. Los participantes necesitarán apoyo y estímulo para cumplir con el programa y completarlo. Las personas con TP grave y peligroso caen con frecuencia en el sistema de justicia criminal y requerirán la intervención del servicio de psiquiatría forense.

Los tratamientos (incluyendo los programas para el manejo de la ira y la reducción de la violencia) serán esencialmente los mismos que los ya mencionados pero durarán más tiempo. El equipo que interviene en tales programas requiere un apoyo y supervisión muy estrechos.

¿Existen tratamientos farmacológicos para el trastorno de la personalidad antisocial?

No se han recomendado fármacos específicos para el tratamiento de los síntomas básicos y las conductas del TP antisocial, (incluyendo la agresión, la ira y la impulsividad). Se puede considerar el uso de fármacos para el tratamiento de los trastornos comórbidos.

Otros tratamientos

Los grupos de las comunidades terapéuticas, que duran más tiempo y pueden accionar en el lugar de residencia del paciente, tienen una larga experiencia en el tratamiento de los TP pero no hay pruebas de su eficacia.

El análisis de los datos de un programa de atención del Reino Unido basado en los conceptos aplicados en el nivel comunitario antes mencionados, junto con los datos de una encuesta, mostraron que la asistencia de un gran número de personas con problemas de salud y sociales a los servicios se asoció con una mejoría del funcionamiento social y la reducción del uso de otros servicios.

La nidoterapia es un nuevo abordaje terapéutico para las personas con enfermedades mentales y TP que consiste más en la manipulación del ambiente para fortalecer la relación de la persona con el medio que la rodea que en tratar de cambiar sus síntomas o su conducta.

La evidencia de una revisión sistemática en la cual un solo estudio informó los criterios de inclusión mostró una mejoría del funcionamiento social y del compromiso con los servicios ambulatorios.

¿Cuáles son los problemas de la práctica diaria?

El TP afecta la relación médico-paciente. Los malentendidos e incluso las reacciones airadas no son infrecuentes, lo que requiere un manejo planificado permanente y claro. No se debe hacer el diagnóstico de TP a un paciente considerado “difícil”.

Hay pruebas de que hay diferencias entre el diagnóstico formal de TP hecho luego de una entrevista especializada y el diagnóstico de un médico general. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el diagnóstico de TP comórbida es una posibilidad en los pacientes que no responden al tratamiento o que son particularmente difíciles de manejar.

El trabajo coordinado entre los diferentes profesionales mejora los resultados. Se deben combatir el estigma y las actitudes poco útiles de los profesionales de la salud; desarrollar la habilidad profesional ara comprender y manejar las entrevistas difíciles con pacientes problemáticos y, promover el compromiso con el tratamiento psicológico, si existe la probabilidad de que sea útil.

Sin embargo, las personas con abuso de sustancia comórbido pueden hacer frente a los problemas mediante el tratamiento psicológico (algunos servicios no ofrecen dicho tratamiento a estas personas), pero los tratamientos especializados pueden no estar disponibles en todos lados, lo que hace que en el Reino Unido persistan las barreras para el acceso a la atención de la salud mental de las personas con TP, a pesar de que las recomendaciones de las guías muestran lo contrario.

Los pacientes no deben ser excluidos de los servicios de salud mental porque tienen un TP y no se debe usar el concepto de que el TP es persistente e immutable para negar el acceso de esas personas a las intervenciones terapéuticas útiles.

Perspectiva de un paciente

Antes del tratamiento no sabía lo que estaba pasando en mi cabeza. Algo siempre parecía afectar a los otros: incapacidad de mantener un trabajo, contraer deudas, problemas de relación, constantemente culpando a otros, y me preguntaba qué diablos era los que estaba mal conmigo.

Mi médico de cabecera se estaba convirtiendo en un referente preocupado y yo acepté de buen grado que me enviara al departamento de psicoterapia. Cuando me dijeron que probablemente tenía un trastorno de la personalidad borderline y que el servicio estaba disponible para las personas con este trastorno que fue un alivio enorme.

La terapia ya ha terminado y me permitió sentirme seguro y contenido. Esto me ha ayudado a ser más abierto con mi terapeuta y dar sentido a mis dificultades de la infancia y la adolescencia, y cómo esto ha afectado a mi situación actual.

Las cosas que mejoran la calidad de vida de las personas son el trabajo, las relaciones interpersonales y la seguridad. Sin embargo, para las personas con este trastorno de la personalidad, a menudo estas situaciones suelen ser las mismas que pueden desencadenar los síntomas. La terapia puede mostrar direcciones diferentes: una, que sigue siempre el camino ya conocido y la otra, que busque otros caminos.

Esto me hace ser consciente de que necesito ser amable conmigo mismo y que la curación es un proceso continuo.


Preguntas para la investigación futura

¿Puede la respuesta temprana en la infancia reducir el riesgo de desarrollar trastornos de la personalidad?

¿Podemos hacer un cribado útil y fiable para el trastorno de la personalidad en atención primaria?

¿Podría ser útil la aplicación de planes de acción para el manejo de la crisis en atención primaria?

¿Cómo se puede mejorar el acceso a la terapia psicológica para las personas con trastorno de la personalidad?

¿Cuál es la duración óptima de la terapia psicológica para el trastorno de personalidad?

¿Se puede implementar más ampliamente un manejo psiquiátrico general confiable y eficaz en la asistencia sanitaria mental de las personas con trastorno de la personalidad borderline?

¿Se pueden elaborar guías más útiles para el trastorno de personalidad?

¿Puede un enfoque dimensional para el diagnóstico (como el ICD-11) cambiar las actitudes para el diagnóstico de trastorno de la personalidad?

♦ Traducción y resumen objetivo: Dra. Marta Papponetti
Fuente: Intramed

4/11/13

Sepsis y shock séptico

Con los adelantos en los cuidados intensivos y la difusión de las recomendaciones basadas en la evidencia, disminuyó mucho la mortalidad y en la actualidad los estudios se centran más en las secuelas de esta grave enfermedad.

Dres. Angus DC, van der Poll T
N Engl J Med 2013;369:840-51

Definición

Varios consensos internacionales de los últimos años definieron a la sepsis como el síndrome de infección complicado por disfunción orgánica aguda, mientras que el shock séptico es la sepsis complicada por hipotensión resistente a la reanimación con líquidos o por hiperlactatemia.

Incidencia y causas

La incidencia de sepsis grave depende de cómo se defina la disfunción orgánica aguda y si esa disfunción se atribuye a una infección subyacente. La disfunción orgánica a menudo se define por la provisión de tratamiento de apoyo (e.g., respiración asistida) y de esta manera los estudios epidemiológicos tienen en cuenta los casos que reciben tratamiento en lugar de la incidencia real. En los EEUU el 2% de los pacientes que ingresan al hospital sufren sepsis grave (más de 750000 casos por año). Extrapolando a partir de las tasas de incidencia en los EEUU, Adhikari et al, estimaron que se producen en todo el mundo hasta 19 millones de casos por año. Se supone que la verdadera incidencia es mucho mayor.

La sepsis grave se produce debido a infecciones hospitalarias o extrahospitalarias. La neumonía es la causa más frecuente, responsable de alrededor de la mitad de los casos, seguida por las infecciones intrabdominales y las del aparato urinario.

El hemocultivo es positivo sólo en la mitad de los casos. Los gérmenes grampositivos hallados con más frecuencia son Staphylococcus aureus y Streptococcus pneumoniae, mientras que Escherichia coli, klebsiella species, y Pseudomonas aeruginosa predominan entres los gramnegativos.

En un estudio reciente con 14000 pacientes de unidades de cuidados intensivos (UCI) en 75 países, se hallaron bacterias gramnegativas en el 62% de los pacientes con sepsis grave, bacterias grampositivas en el 47% y hongos en el 19%.

Numerosos factores de riesgo pueden precipitar la sepsis y el shock séptico, entre ellos enfermedades crónicas (e.g., síndrome de inmunodeficiencia adquirida, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y muchas neoplasias) y el empleo de fármacos inmunosupresores. La edad, el sexo y la raza o grupo étnico influyen sobre la incidencia de sepsis grave, que es mayor en lactantes y ancianos y mayor en varones que en mujeres.
Hay considerable interés en la relación de las características genéticas del huésped con la incidencia y la evolución de la sepsis, en parte debido a la fuerte evidencia de factores de riesgo heredados.

Cuadro clínico

Las manifestaciones clínicas de la sepsis son muy variables y dependen del lugar de la infección inicial, el microrganismo causal, las características de la disfunción orgánica aguda, el estado de salud previo del paciente y el tiempo hasta el inicio del tratamiento. Tanto los signos de infección como de disfunción orgánica pueden ser sutiles y por eso los consensos internacionales más recientes proporcionan un listado de los signos de alarma de la sepsis incipiente (Tabla 1).

La disfunción orgánica aguda afecta con más frecuencia los sistemas respiratorio y cardiovascular. El compromiso respiratorio se manifiesta como síndrome de dificultad respiratoria aguda (hipoxemia con infiltrados bilaterales de origen no cardíaco). El compromiso cardiovascular se manifiesta principalmente como hipotensión o aumento del lactato en sangre. La hipotensión suele persistir tras la expansión de la volemia y es necesario administrar vasopresores. Puede haber disfunción miocárdica.

El cerebro y los riñones a menudo también se afectan.

La disfunción del sistema nervioso central se manifiesta como obnubilación o delirio. La polineuropatía y la miopatía de las enfermedades graves también son frecuentes, especialmente en pacientes con internación prolongada en la UCI.

La lesión renal aguda se manifiesta como disminución de la diuresis y aumento de la creatininemia.

El íleo paralítico, el aumento de la aminotransferasa, la alteración de la glucemia, la trombocitopenia y la coagulación intravascular diseminada, la disfunción suprarrenal y el síndrome del enfermo eutiroideo son frecuentes en pacientes con sepsis grave.

Tabla 1. Criterios diagnósticos para sepsis, sepsis grave y shock séptico.

Sepsis (infección comprobada o presunta más ≥1 de los siguientes

- Variables generales
Fiebre (temperatura central, >38,3°C)
Hipotermia (temperatura central, <36°C)
Taquicardia (>90 latidos por min o >2 DE por encima del límite superior normal para la edad)
Taquipnea
Alteración del estado mental
Edema importante o balance de líquidos positivo (>20 ml/kg de peso durante un período de 24 hrs)
Hiperglucemia (>120 mg/dl [6,7 mmol/litro]) en ausencia de diabetes


- Variables inflamatorias
Leucocitosis ( >12000/mm3)
Leucopenia (<4000/mm3)
Recuento leucocitario normal con >10% de formas inmaduras
Aumento de la proteína C-reactiva en sangre (>2 DE por encima del límite superior normal)
Aumento de la procalcitonina en sangre (>2 DE por encima del límite superior normal)


- Variables hemodinámicas
Hipotensión arterial (presión sistólica <90 mm Hg; presión arterial media, <70 mm Hg; o disminución de la presión sistólica de >40 mm Hg en adultos o de >2 DE por debajo límite superior normal para la edad)
Aumento de la saturación venosa mixta de oxígeno (>70%)
Aumento del índice cardíaco (>3,5 litros/min/metro2 de superficie corporal) 


- Variables de disfunción orgánicaHipoxemia arterial (índice presión parcial de oxígeno arterial/ fracción de oxígeno inspirado, <300)
Oliguria aguda (diuresis <0,5 ml/kg/hora o 45 ml/hora por lo menos durante 2 hs)
..Aumento de la creatinina de >0,5 mg/dl (>44 μmol/litro)
..Alteraciones de la coagulación (razón internacional normalizada, >1,5 o tiempo de tromboplastina parcial activado, >60 seg)
Íleo paralítico (ausencia de ruidos intestinales)
Trombocitopenia (plaquetas <100000/mm3)
Hiperbilirrubinemia (bilirrubina total >4 mg/dl [68 μmol/litro])


- Variables de perfusión tisular Hiperlactatemia (lactato, >1 mmol/litro)
Disminución del relleno capilar
Sepsis grave (sepsis más disfunción orgánica)
Shock séptico(sepsis más hipotensión [resistente a los líquidos intravenosos] o hiperlactatemia)
Basado sobre el artículo de Angus et al.

Evolución

"La sepsis grave acelera significativamente el deterioro físico y neurocognitivo"

Antes de la introducción de los cuidados intensivos la sepsis grave y el shock séptico eran letales. En la actualidad la mortalidad es del 20 - 30%. Con la disminución de las tasas de mortalidad la atención se centró en la recuperación de los pacientes que sobreviven. Numerosos estudios sugieren que éstos continúan con mayor riesgo de muerte durante los meses y años siguientes. Un análisis reciente del Health and Retirement Study, sobre una gran cohorte longitudinal de pacientes en proceso de envejecimiento, sugirió que la sepsis grave acelera significativamente el deterioro físico y neurocognitivo.

Fisiopatología
Respuesta del huésped La infección desencadena una respuesta del huésped mucho más compleja, variable y prolongada de lo que se creía años atrás. Tanto los mecanismos proinflamatorios como los antinflamatorios pueden contribuir a la eliminación de la infección y la recuperación de los tejidos por un lado y a la lesión de órganos y las infecciones secundarias por el otro. La respuesta específica en cualquier paciente depende del microrganismo causal (carga y virulencia) y del huésped (características genéticas y enfermedades concomitantes).

En general, se cree que las reacciones proinflamatorias (para eliminar los microrganismos invasores) son responsables del daño tisular en la sepsis grave, mientras que las respuestas antinflamatorias (importantes para limitar la lesión tisular local y sistémica) son responsables de la mayor vulnerabilidad a las infecciones secundarias.

Inmunidad innata Los microrganismos patógenos activan las células inmunitarias a través de la interacción con receptores de reconocimiento de patrones, de los que se identificaron cuatro clases principales — receptores tipo peaje, receptores de lectina tipo C, receptores tipo gen inducible del ácido retinoico 1, y receptores tipo dominio de oligomerización de unión a nucleótidos. El último grupo actúa parcialmente en complejos proteicos llamados inflamasomas. Estos receptores reconocen estructuras que se conservan entre las especies microbianas, los llamados patrones moleculares asociados a microrganismos patógenos, que producen aumento de transcripción de los genes inflamatorios e inicio de la inmunidad innata. Los mismos receptores también detectan moléculas endógenas de las células dañadas, llamadas patrones moleculares asociados al daño o alarminas. Éstas también se liberan en lesiones sin infección, como los traumatismos, dando origen al concepto de que la patogenia de la insuficiencia multiorgánica en la sepsis no es diferente de la de las enfermedades graves no infecciosas.

Alteraciones de la coagulación La sepsis grave casi siempre se asocia con trastornos de la coagulación, que con frecuencia llevan a la coagulación intravascular diseminada. El exceso de deposición de fibrina es motivado por la coagulación a través de la acción del factor tisular, una glucoproteína transmembrana expresada por diversos tipos de células; por alteración de los mecanismos anticoagulantes, entre ellos el sistema de la proteína C y la antitrombina y por alteración de la eliminación de fibrina debida a depresión del sistema fibrinolítico.

Mecanismos antinflamatorios e inmunosupresión El sistema inmunitario posee mecanismos humorales, celulares y neurales que atenúan los posibles efectos nocivos de la respuesta proinflamatoria. Los fagocitos se pueden transformar en un fenotipo antinflamatorio que promueve la reparación tisular. Las células T reguladoras y las células supresoras derivadas de la serie mieloide reducen más aún la inflamación.

Los mecanismos neurales pueden inhibir la inflamación, con liberación de noradrenalina en el bazo y secreción de acetilcolina por un subgrupo de células T CD4+. La liberación de acetilcolina tiene como objetivo a los receptores α7 colinérgicos de los macrófagos y suprime la liberación de citocinas proinflamatorias.

Los pacientes que sobreviven a la sepsis, pero continúan dependiendo de cuidados intensivos, muestran signos de inmunosupresión. Frecuentemente tienen focos infecciosos persistentes a pesar del tratamiento antibiótico o sufren la reactivación de alguna infección viral latente.

Numerosos estudios comprobaron la disminución de la respuesta leucocitaria a los gérmenes o virus en pacientes con sepsis, lo que se corroboró recientemente por estudios posmortem. El aumento de la apoptosis, en especial de las células B, las células CD4+ T y las células dendríticas foliculares, participa en la inmunosupresión y la muerte asociadas con la sepsis.

Disfunción orgánica Aunque los mecanismos que subyacen a la insuficiencia orgánica en la sepsis no están del todo claros, la disminución de la oxigenación tisular es fundamental. Ésta se produce en el shock séptico por varios factores: hipotensión, disminución de la deformación de los eritrocitos y trombosis microvascular. La inflamación puede causar disfunción del endotelio vascular, acompañada por muerte celular y pérdida de la integridad de la barrera celular y origina edema subcutáneo y de las cavidades corporales. Además, el daño mitocondrial causado por el estrés oxidativo altera el uso del oxígeno celular. Las mitocondrias dañadas liberan alarminas al compartimiento extracelular, que pueden activar a los neutrófilos y aumentar el daño tisular.

Tratamiento

"El tratamiento con antibióticos intravenosos se debe empezar lo antes posible"

La campaña Surviving Sepsis, realizada por un conjunto internacional de sociedades profesionales dedicadas a los cuidados intensivos, el tratamiento de las infecciones y la medicina de urgencia, emitió recomendaciones para el tratamiento de la sepsis grave y el shock séptico. Los aspectos más importantes están organizados en dos paquetes principales:

- el tratamiento inicial que se debe realizar dentro de las 6 horas de la consulta del paciente y
- un paquete que se aplicará en la unidad de cuidados intensivos.

La implementación de esta metodología se asocia con mejores resultados.
Los principios del primer paquete son efectuar la reanimación cardiorrespiratoria y reducir las amenazas inmediatas de infección descontrolada. Para la reanimación es necesaria la administración de líquidos y vasopresores por vía intravenosa, oxígeno y respiración asistida, según necesidad .

El tratamiento inicial exige determinar el diagnóstico probable, obtener cultivos, iniciar tratamiento antibiótico empírico que cubra todos los patógenos y controlar la fuente de la infección. El tratamiento con antibióticos intravenosos se debe empezar lo antes posible, ya que la antibioticoterapia inadecuada o tardía se asocia con aumento de la mortalidad.

No se ha determinado si la combinación de antibióticos produce mejores resultados que la administración de uno solo. Las recomendaciones sugieren utilizar la combinación de antibióticos sólo en la sepsis neutropénica y en la sepsis causada por Pseudomonas. El tratamiento antimicótico empírico solo se indicará en pacientes con alto riesgo de candidiasis invasivas.

Se debe trasladar al paciente a la UCI. Después de las primeras 6 horas la atención se centra en su monitoreo y el soporte de la función orgánica, la evitación de complicaciones y la disminución del tratamiento con antibióticos de amplio espectro para evitar la resistencia bacteriana, reducir los efectos tóxicos y los costos.

El único tratamiento inmunoregulador sugerido es un curso breve de hidrocortisona (200 a 300 mg/día durante 7 días, o hasta que no sea necesario el tratamiento vasopresor) en los pacientes con shock séptico. Un metanálisis apoya esta recomendación, pero los dos estudios más grandes tuvieron resultados contradictorios.

En busca de nuevos tratamientos
Fracasos recientes Una de las mayores decepciones ha sido convertir los avances del conocimiento de la fisiopatología de la sepsis en tratamientos eficaces. Los investigadores utilizaron agentes específicos y otros con efectos más pleiotrópicos. Los agentes específicos son aquéllos que interrumpen la cascada inicial de citocinas y los que interfieren con las alteraciones de la coagulación (antitrombina o proteína C activada).

Estas estrategias no resultaron eficaces hasta el presente e incluso la proteína C activada debió ser retirada del mercado. Tampoco hay estudios a gran escala con anticitocinas.

Entre los fármacos con efecto inmunoregulador más amplio se destacan los glucocorticoides. La inmunoglobulina intravenosa también se asoció con un posible beneficio, pero quedan varias dudas y su empleo no forma parte del tratamiento habitual de la sepsis. Lo mismo sucede con las estatinas.

Problemas con la investigación No se pueden extrapolar fácilmente a los seres humanos las experiencias con roedores infectados. Los pacientes con sepsis suelen ser de edad avanzada y padecer otras afecciones subyacentes que alteran la respuesta y facilitan el deterioro multiorgánico, aspectos que no se presentan en los modelos animales. Además, las grandes diferencias genéticas producen amplias variaciones de respuesta inflamatoria

En los estudios clínicos los criterios de incorporación son muy amplios, el agente se administra durante un corto tiempo, existe escasa información sobre cómo modifica la respuesta del paciente y las interacciones con los microrganismos patógenos. El criterio de valoración principal es la muerte por cualquier causa. Esta estrategia es muy simplista, ya que no selecciona los pacientes con mayores posibilidades de supervivencia, no modifica el tratamiento sobre la base de la respuesta y de la evolución clínica y no registra los efectos que pueden ser importantes en los pacientes que sobreviven.

Nuevas estrategias
Las esperanzas están puestas en las nuevas estrategias de la llamada “medicina de precisión”, con mejores modelos preclínicos, desarrollo de medicamentos específicos y estudios clínicos con mejor selección de los pacientes, mejores fármacos y mejor determinación de los resultados.

Los estudios preclínicos se podrían emplear también para la detección sistemática de posibles biomarcadores de la respuesta terapéutica .Mutantes de la proteína C reactiva activada que carezcan de propiedades anticoagulantes son ejemplo del desarrollo de fármacos más específicos. En estudios con animales se mostró que protegían contra la muerte inducida por sepsis, sin aumentar el riesgo de hemorragia.

El conocimiento de que la sepsis grave puede causar inmunosupresión plantea la posibilidad de emplear tratamiento inmunoestimulatorio, pero idealmente sólo para aquellos pacientes en quienes se identifica o se pronostica inmunosupresión.

La preocupación sobre el deterioro neurocognitivo en sobrevivientes de sepsis abre el camino para explorar fármacos que en la actualidad se están probando en pacientes con demencia y otros trastornos relacionados.

Conclusiones

La sepsis grave y el shock séptico representan uno de los problemas médicos más antiguos y acuciantes. Con los adelantos en los cuidados intensivos, la mayor conciencia y la difusión de las recomendaciones basadas en la evidencia, se han dado grandes pasos para disminuir el riesgo de muerte inminente asociado con la sepsis. No obstante, a medida que más pacientes sobreviven a la sepsis, aumenta la preocupación sobre las secuelas.

También se necesitan estrategias para llegar a los muchos millones de pacientes con sepsis que no acceden a los cuidados intensivos modernos. Al mismo tiempo, los adelantos de la biología molecular proporcionaron conocimientos sobre la complejidad del reconocimiento de los microrganismos patógenos por el huésped humano y pistas importantes sobre las respuestas del huésped.

Para mejorar más la evolución de los pacientes con sepsis a través del desarrollo de nuevos fármacos, son esenciales nuevos enfoques más sutiles para el diseño y la ejecución de estudios clínicos.

Resumen y comentario objetivo: Dr. Ricardo Ferreira
Fuente: Intramed

1/11/13

¿Seremos capaces de reducir en un 50% la enfermedad cardiovascular en una generación?

Aspectos destacados de la conferencia del Dr. Salim Yusuf el día 19 de octubre de 2013 en el XXIV Congreso Interamericano de Cardiología en exclusiva para IntraMed

El profesor Salim Yusuf inició su disertación diciendo que estaba encantado de volver a la hermosa ciudad de Buenos Aires a la que conoce a través de numerosas visitas desde 1996. Para él, lo más llamativo es el cambio favorable que registró en los hábitos de los porteños en lo relativo al menor consumo de tabaco y mayor actividad física.

La conferencia de Yusuf se basó sobre el desafío de cómo reducir en un 50% las enfermedades cardiovasculares (ECV) a lo largo de una generación. Las respuestas no son necesariamente médicas, sino sociales, económicas y de políticas sanitarias.

La ECV, que en 1990 ocupaba el quinto lugar entre las causas de mortalidad después de las infecciones respiratorias, la muerte perinatal, las diarreas y la depresión mayor, pasará en 2020 al primer lugar, superando a los accidentes de tráfico que del noveno puesto se ubicarán en el tercero. Los accidentes cerebrovasculares (ACV), pasarán del sexto al cuarto lugar.

Los factores de riesgo

10 factores de riesgo modificables son responsables de más del 90% del riesgo de ECV y de ACV

Lo que se debe destacar es que alrededor de 10 factores de riesgo potencialmente modificables son responsables de más del 90% del riesgo de ECV y de ACV. Así lo demostraron los estudios controlados INTERHEART e INTERSTROKE, publicados en Lancet de 2004 y 2010, respectivamente.

Es necesario establecer cuáles son las causas de los factores de riesgo, si todos ellos están causalmente relacionados al infarto de miocardio y al ACV y por último, qué variaciones existen entre regiones y países. Yusuf consideró que la causa genética se puede descartar, en primer lugar porque no es un factor modificable y en segundo lugar porque la mortalidad por ECV aumentó considerablemente en los últimos 50 años y los genes no han cambiado. Asimismo, otros países y regiones lograron bajar la mortalidad cardiovascular sin que tampoco variaran los genes.

Existen cuatro factores importantes de carácter industrial fuertemente involucrados en el riesgo de ECV que se pueden controlar a través de medidas legislativas y son:


  • El tabaquismo.
  • Los automóviles y la urbanización (se camina menos y se usa menos la bicicleta).
  • Los alimentos con altas calorías y las gaseosas y refrescos.
  • Los alimentos muy procesados que contienen grasas trans, azúcar y sal en exceso.


Con respecto a los alimentos muy procesados y las bebidas, Yusuf dijo que en sus viajes por América Latina observó un alto consumo de los mismos en la población infantil.

En lo referente al tabaquismo, la evidencia de 60 años de políticas legislativas y de 15 años de negociaciones produjo un tratado internacional denominado Framework Convention on Tobacco Control, que fue firmado por 180 países. Este tratado incluyó los siguientes aspectos:

  • Erradicación completa de la promoción y la publicidad del cigarrillo.
  • Avisos y etiquetas de advertencia sobre el daño al organismo.
  • Prohibición de mensajes engañosos.
  • Protección a los no fumadores.
  • Regulación de los contenidos del cigarrillo.
  • Prohibición de la venta a menores de edad.
  • Aumento del impuesto al tabaco.
  • El riesgo, el ambiente, la cultura


Cinco países (China, Brasil, India, Colombia y Canadá) se sumaron al llamado EPOCH (Environmental Profile of a Community's Health), un instrumento diseñado para evaluar los factores que influyen sobre conductas relacionadas con la salud. Se identificaron cuatro dominios principales relacionados con el ambiente:

  • El cigarrillo
  • La actividad física
  • La alimentación
  • El aspecto social y económico


El EPOCH consta de dos partes, la primera tiene 5 secciones: las características de la comunidad, que produce una lista de la estructura y de los servicios esenciales de una comunidad. La segunda sección o recorrido de observación en la comunidad, se desarrolla en el distrito comercial donde la gente realiza sus compras habituales. Los investigadores se desplazan a lo largo de un kilómetro desde el punto de inicio, que puede ser un supermercado. Durante el recorrido, registran los distintos tipos de avisos y negocios, incluyendo la calidad del pavimento y las veredas. Esta etapa dura una hora aproximadamente.

La tercera y cuarta secciones se refieren a la detección, el acceso y la ubicación de los locales de venta de tabaco y de alimentos. Por último, la quinta sección consiste en la ubicación de restaurantes y bares.

La segunda parte del EPOCH es un cuestionario que se efectúa a los participantes e incluye aspectos sobre el conocimiento de las leyes locales, las regulaciones, los programas de salud, si consideran que son muchas las personas que fuman, si las leyes son cumplidas y la opinión personal sobre todos estos ítems.

De los cinco países que participaron se evaluaron 93 comunidades urbanas y rurales. Se analizó según el estatus socio económico combinándolo con el número de artefactos utilizados desde ninguno o 0 hasta 3 (automóvil, televisión, computadora).

El EPOCH es un instrumento único que en el contexto de un estudio de cohorte prospectiva posee el potencial de ser empleado en estudios de múltiples niveles y explorar cambios en el ambiente de la comunidad y los factores de riesgo de ECV.

El Dr. Yusuf mostró cómo el cine también envía mensajes subliminales que pueden favorecer enormemente a las empresas que producen alimentos chatarra. En Hombres de Negro, los extraterrestres están comiendo hamburguesas y bebiendo Coca Cola y lo mismo sucede en la película Ghostbusters. Por su parte, a James Bond se lo ve tomando Heineken y Batman come tacos.

Un estudio mostró que las películas donde el actor principal fuma, estimulan la tendencia al hábito entre los adolescentes.

El riesgo y las condiciones socio-económicas
La incidencia de mortalidad por ECV fue muy baja en las poblaciones de altos recursos en relación con las de bajos recursos y esta diferencia fue muy significativa. Sin embargo, cuando se incluyeron todos los casos de ECV, tanto los que fallecieron como los que sobrevivieron, la diferencia perdió significación estadística (Figura 1).

Esto indica que la tasa de ECV es bastante similar en los distintos estratos sociales, pero la discrepancia se debe a que los de clase alta tienen mejor cobertura médica, que les permite una atención más rápida y de mejor calidad y por lo tanto la supervivencia es mayor que en la población de bajos recursos.

Por lo tanto, una de las formas de reducir la mortalidad por ECV es reducir la brecha entre ricos y pobres y que los gobiernos establezcan medidas para mejorar la asistencia en los sectores de bajo nivel socio económico.
Figura 1. Casos por 1000 personas por año de muerte por ECV y totalidad de casos según el nivel socioeconómico. Elaborado sobre el contenido de la conferencia de Salim Yusuf.

Recientemente, se publicaron en el JAMA los resultados del estudio PURE (Prospective Urban Rural Epidemiology), que evaluó la prevalencia, el conocimiento, el tratamiento y el control de la hipertensión arterial en comunidades urbanas y rurales de países con alto, mediano y bajo nivel socio- económico.

Este estudio incorporó entre 2003 y 2009 a 153 996 adultos de 35 a 70 años de edad. Los participantes pertenecían a 628 poblaciones obtenidas de 3 países de alto nivel socioeconómico, 10 países con nivel socioeconómico mediano y 4 países con bajo nivel socio económico. De ellos, el 40,8% tenía hipertensión arterial y dentro de este grupo sólo el 46,5% tenía conocimiento de ello. De éstos, si bien la mayoría estaban medicados, sólo una minoría era controlado periódicamente y de éstos una minoría tomaba dos o más antihipertensivos (Figura 2).

Figura 2. Porcentajes relacionados con diversos aspectos de la hipertensión arterial (HA) en la población pesquisada. Se observa que de los pacientes con conocimiento de la hipertensión arterial, no todos estaban medicados y un porcentaje escaso era controlado adecuadamente. Chow et al. (JAMA 2013;310:959).

El otro hallazgo interesante del estudio PURE fue que las tasas de conocimiento, tratamiento y control de la hipertensión arterial fueron significativamente superiores en las poblaciones urbanas en relación con las rurales y esto se debería a inadecuado acceso a los centros de tratamiento.

Yusuf destacó que controlando el tabaquismo con regulaciones estrictas y mejorando el acceso de los pacientes al médico y los centros de salud y reforzando el control periódico de la presión arterial, se puede ejercer un impacto favorable sobre las tasas de ECV.

El riesgo CV y los tratamientos dispoinbles
Otra línea de investigación del estudio PURE, que fue publicada en el Lancet 2011, fue determinar la eficacia de la medicación para la prevención secundaria en países de alto y mediano nivel socioeconómico. Los resultados mostraron que pocos de los individuos que habían tenido un episodio cardiovascular previo, estaban medicados adecuadamente para la prevención secundaria:
Antiagregantes plaquetarios (25,3%)
Bloqueantes beta (17,4%)
Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (19,5%)
Estatinas (66,5%)

Estos porcentajes fueron aún menores en las zonas rurales en relación con las poblaciones de zonas urbanas.
De acuerdo a estos resultados, Yusuf sostiene que parte del incumplimiento terapéutico y el tratamiento incompleto se deberían al factor económico y a la situación engorrosa de tomar varios medicamentos. Considera la hipótesis de que la solución se encuentra en la policápsula. Esta hipótesis la habría confirmado en un estudio sobre 518 pacientes que fueron distribuidos en forma aleatoria para recibir una policápsula o dos policápsulas durante 8 semanas. Cada policápsula estaba compuesta por:
Simvastatina 20 mg
Ramipril 5 mg
Atenolol 50 mg
Hidroclorotiazida 12,5 mg
Aspirina 100 mg

Los resultados mostraron que la mayor reducción del riesgo cardiovascular se logró con dos policápsulas y que tanto con una como con dos policápsulas la reducción de dicho riesgo fue superior a la combinación de dos antihipertensivos
(Figura 3).

Figura 3. Porcentaje de reducción de riesgo cardiovascular con monoterapia con aspirina (ASA), estatina o un antihipertensivo, la administración de dos antihipertensivos, una policápsula y dos policápsulas diarias. Elaborado sobre la conferencia de Yusuf y el artículo del mismo autor (Circ Cardiovasc Qual Outcomes 2012;5:463-471).

Yusuf sostiene que una de las formas de ampliar el acceso al tratamiento a toda la población, además de mejorar el estándar de vida, es reducir los costos utilizando trabajadores de la salud no médicos, como enfermeras especializadas que puedan recetar medicamentos y derivar a los cardiólogos los casos más complejos. La participación de este personal especializado es necesaria debido a que un tercio de la población desarrollará ECV y por lo tanto se requiere un enfoque masivo de detección, tratamiento y control de la presión arterial.

Propuestas hacia el futuro
Se está elaborando un proyecto para resolver el siguiente interrogante: ¿puede una comunidad desarrollar una estrategia de tratamiento a cargo de personal no médico especializado para reducir en un 50% en 5 años el riesgo de ECV en personas con antecedentes cardiovasculares?

El programa abarcará 200 comunidades con un total de 10 000 participantes de Canadá, Colombia, Argentina, Sud África, Tanzania, Rwanda, India, Malasia y Filipinas. La metodología incluirá la pesquisa sistemática de la prevalencia de ECV, hipertensión y diabetes, a cargo de personal especializado no médico. Se evaluará la eficacia de la policápsula, en la prevención de ECV y los costos.

Finalmente, Yusuf se refirió a las cualidades que debe tener un sistema ideal de salud que son:

  • Eficaz, seguro, de alta calidad y económico.
  • Distribuido equitativamente.
  • Acceso de la población a la medicina de alta calidad así como a los medicamentos, las vacunas y las tecnologías.
  • Presupuesto de salud adecuado para proteger a las personas con problemas económicos.


Salim Yusuf: MD (Bangalore), DPhil (Oxford), MRCP Heart and Stroke Foundation of Ontario / Marion W. Burke Chair in Cardiovascular Disease
Professor, Department of Medicine
Joint Member, Dept of Clinical Epidemiology & Biostatistics
Director, Population Health Research Institute

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